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FIBROMIALGIA Y EJERCICIO FÍSICO

Editado por el Miércoles, 2 abril 2014Ningún comentario

 

FIBROMIALGIA Y EJERCICIO FÍSICO:

La fibromialgia o síndrome de la fibromialgia es una entidad clínica caracterizada por un cuadro de dolor músculo-esquelético crónico y generalizado de origen desconocido y para el que no existen otras enfermedades o alteraciones que lo expliquen. 

 

La propia definición de la enfermedad, los criterios diagnósticos y sus posibles causas son todavía objeto de debate.

El papel que el ejercicio físico tiene en el síndrome de la fibromialgia se ha obviado durante mucho tiempo. Esto se debe principalmente a dos motivos: a las peculiaridades de esta patología (de reciente descubrimiento y causa desconocida), que han limitado la magnitud del conocimiento científico que se tiene de ésta, y a los síntomas característicos de dolor muscular y fatiga, que han alejado al paciente de la práctica de actividad física.

El primer ensayo científico que relaciona el ejercicio físico y la fibromialgia no se llevó a cabo hasta finales de la década de los 80. No obstante, durante los últimos diez años se han publicado un gran número de estudios al respecto de contrastada calidad.

La idea de introducir el ejercicio físico como parte de la terapia rehabilitadora se debe a varios factores. Tras la participación en diferentes programas de entrenamiento físico, se reducen los problemas de insomnio, el estrés psicológico y la fatiga, etc.

 

La prescripción de la práctica de actividad física en la fibromialgia no sólo no está contraindicada, sino que es un aspecto que se debe promocionar entre las personas que la padecen debido sobre todo a su potencial para mejorar la calidad de vida. Diversos estudios científicos apuntan a que hay tres grandes modalidades de ejercicio físico que puede ser realizado por este tipo de pacientes: el AERÓBICO, el de FUERZA y el de FLEXIBILIDAD.

 

·        EL AERÓBICO pretende mejorar la función cardiovascular y respiratoria, tratando de reducir los niveles de fatiga. Por ello, la carga de trabajo debe ser organizada a expensas del volumen, tratando de mantener una intensidad baja. Actividades básicas como caminar o pedalear, e incluso alguna específica, como el aerobic, son los tipos de entrenamiento más adecuado.
 

·        LA FUERZA muscular debe tener como objetivo que los pacientes recuperen la capacidad muscular, generalmente reducida debido a la inactividad. Es aconsejable emplear métodos de trabajo basados en movilizar poco peso (mancuernas, gomas elásticas) con un número de repeticiones lo suficientemente elevado como para lograr mejoras en la manifestación de la fuerza-resistencia. En este tipo de entrenamiento, está totalmente desaconsejado emplear grandes cargas y esfuerzos máximos. Además, se debe prestar atención al posible dolor muscular que pueda referir el paciente.

 

·        LA FLEXIBILIDAD debe respetar las pautas básicas propias de la técnica de stretching, siempre con movimientos controlados y progresivos, tratando de buscar una mejora en la movilidad articular.

La actividad física acuática es una de las opciones para mejorar la condición física en este tipo de poblaciones más atractivas y motivantes, dado que las propiedades del agua facilitan la movilidad y le dan al entrenamiento un carácter recreativo. Es fundamental contar con piscinas poco profundas y de agua caliente. Por último, proponer entrenamientos mixtos que combinen diferentes actividades destinadas a mejorar distintos aspectos de la condición física de aquellas personas familiarizadas con el ejercicio y cuyo nivel de forma física no esté muy afectado puede ser una alternativa a los métodos anteriormente comentados. No obstante, la carga de entrenamiento debe organizarse con prudencia y máximo control.

La adherencia al programa de entrenamiento es un aspecto determinante para lograr los objetivos deseados. Por todo ello siempre que se pueda, las actividades deben ser realizadas en grupo y, en la medida de lo posible, los ejercicios deben ser motivantes y nunca demasiado intensos.

 Siempre se debe prestar especial atención a la aparición de síntomas, como dolor o fatiga, y debe haber una constante comunicación con el paciente, de modo que a la hora de desarrollar la sesión de entrenamiento se conozca cómo le está afectando la enfermedad y cuáles son sus sensaciones en este momento.

En definitiva, hay que tener muy claro que la práctica de ejercicio físico no tiene como principal objetivo la mejora de la condición física, sino que ésta debe ser concebida como un medio para que los pacientes mejoren su CALIDAD DE VIDA.

 

REFERENCIAS:

C. Ayán Pérez. Fibromialgia diagnóstico y estrategias para su rehabilitación. Editorial medica panamericana.2011;123

 
Fdo: Francisco Botella, fisioterapeuta clínica Fisioterapia Marítim


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